domingo, 10 de noviembre de 2013

Básicos biográficos. Bebiendo Brais.

Bohemio bullicio buceando benignos besos benevolentes. Brigada batalladora, bestia benefactora. Bajo bosques beligerantes bocas.

Bosquejo. Busco. Brais.


Despertares de derrames declarados.


  Despierto deslumbrante de deseos deliberadamente discretos, desdibujadas deidades divinas durando días de decididos desgastes. Duplicamos debidamente deleites difusos de discursos desinhibidos. Despierto desnuda.
    Disparo.
    Despejo.
    Desarmo.
  Dictadura del destape desprovisto de dificultades. Dulce. Duerme. 


miércoles, 30 de octubre de 2013


DE LO QUE OCURRE CON LOS CALCETINES PERDIDOS O DEL CABREO DE PAULA Y SUS FRÍOS PIES. Historias de pieses contadas por una lunática.




 
  A veces, en mi profundo estado de enfado por el usual y curioso fenómeno al que me he permitido bautizar como “desparejamiento estructural de calcetines”, me pongo a elucubrar sobre la posible vida de estos pequeños y menospreciados seres que miman nuestros pies.

  Y dándole vueltas en mi infinito cabreo después de no encontrar ni una pareja de los 7 u 8 pares de calcetines que sufrieron el proceso lavadora-secadora en esta última jornada, he llegado a elaborar la siguiente hipótesis sobre los daños en la estructura de pares de estos pequeños guardadores de pies:

  Cuando entran en la lavadora, maltratados y mareados por el sufrimiento que suponen las más de mil revoluciones a las que los exponemos, se separan de manera drástica de su pareja de modo que se pierden, ya solitarios, en la inmensidad del tambor de aquella terrible máquina de lavado…

  Cuando por fin acaba la tortura inicial, para no ofendernos, fingen seguir perfectamente como pareja, como si aquel ajetreo no les hubiese hecho replantearse su vida de a dos, y no necesitaran un descanso en solitario. De modo que nosotros los tenemos en mano, a los dos, la pareja, que fingen aún ser felices juntos.

 Acto seguido los introducimos de la mano a la temible máquina de secado, que los torturará en otra atracción de vueltas altamente revolucionadas y a temperaturas insoportables para el pobre cuerpecín del calcetín que aún así lucha por sobrevivir.

  Pero a menos de cinco minutos del comienzo de la nueva aventura de secado, la pareja vuelve a sufrir un proceso de separación brusco, potenciado por el calor insoportable, que hace que esta vez ambos decidan que deben divorciarse. Y es en este proceso de divorcio que uno de ellos se queda en el hogar matrimonial actual (la secadora) y el otro viaja triste y solo a un agujero negro del que jamás volverá.

  Y así, amigas y amigos, es como al abrir la puerta del enorme tambor de secado, sólo uno de ellos nos recibe, triste, y nos mira fijamente a la cara resignado y explicándonos que jamás volveremos a ver a su compañero.

                                                                    Chim pum. Y no me lo explico de otra manera.

domingo, 15 de septiembre de 2013

entropía de principios, finales y viceversa.


.y es que, concluyendo, hay pocas cosas en este mundo que puedan escapar de la máxima entropía.

Y eso es lo increíble de la vida. Escribir en la contraportada. Un principio en el desorden que ordenamos a nuestro modo.

¿Qué sentido tendría un final que no fuese, en realidad, un clarísimo principio? No podríamos dotar a la vida de su verdadero significado. Porque si creemos tener una respuesta, un punto y final, entonces, es que estamos muertos.

 Ninguna buena película; ningún buen libro, ni en las mejores historias deberíamos encontrar un final que no fuese un verdadero principio. El principio de lo siguiente. Lo que aún queda. Lo que no se ha escrito.

De hecho esos finales que son principios nos hacen recordar que lo mejor está por llegar.

Del desorden ordenado de las buenas películas, por ejemplo. Los buenos libros y las mejores historias acaban por un principio.

hoy me gustaría hablar del desorden ordenad

miércoles, 28 de agosto de 2013

                                                                                renaceres de seres sinceros,

Descorcho ganas entre dientes chirriantes de placeres  semiocultos sabor café cargado con abiertas bocas y cerrados ojos en desnudos cuerpos que comprenden susurros de secretos descubiertos en noches de lunas que reflejan manos encendidas entre apagadas farolas.
Descorcho un punto.
Y me lo como. La vida.



[escena Moonrise Kingdom de Wes Anderson]